Opinión

Sendra tiene razón

3 Minutos de lectura
  • Por Carina Onorato (CEO de Equipo Bulat) / Publicado en El Límite Periodismo

Querido Sendra, estas pocas palabras son para decirte algo que ya sabés: tenés razón. Si, las mujeres hablamos de hombres, cuando nos gustan los hombres; hablamos de mujeres, cuando nos gustan las mujeres. También hablamos de mujeres y de hombres, cuando nos gustan ambos.

Las mujeres hablamos del cuerpo, de menstruación, de contracturas, de acidez estomacal, de lo mal que descansamos la noche anterior acorde a la era de maldormidas a la que pertenecemos todas.

Las mujeres hablamos de belleza, de cómo se supone que deberíamos lucir según los estereotipos que nos atraviesan, de nuestra convicción o imposibilidad de enfrentarlos, de lo incómodo que es caminar todo el día arriba de unos tacos, o de nuestra última decisión de dejar de someternos a la tortura de la cera caliente. Si, también hablamos de eso.

Sin embargo, ninguno de esos diálogos les impedía hablar a esos hombres que ocupaban el 100% de las sillas de los directorios de negocio, de inversiones, de normativa regulatoria, de capacidad instalada, de política sanitaria, de seguridad aeroportuaria, de nanotecnología, de desarrollo, de producción, de exportaciones, de tendencias del mercado… Ni de un millón de temas más.

Te tengo una noticia, Sendra querido, nosotras -las mujeres- también hablamos de todo eso. Y además incorporamos a la charla tópicos como sustentabilidad, cuidado medioambiental, economía circular, distribución de la riqueza, diversidad más allá de nuestro propio ombligo, derechos de cuidado (¿Sabés lo que son? Bueno, quizás podrías googlear un poco, te sorprendería lo importante que resultan para construir sociedades más justas). Y también hablamos de un millón de temas más. Si, si. Increíble, ¿no?

Entiendo que existen quienes niegan o descalifican el valor que la normativa número 34/2020 de la Inspección General de Justicia tiene al establecer la obligatoriedad de la paridad de género en los directorios de las empresas. Y uno de sus falaces argumentos se basa en el supuesto valor de la meritocracia. Cuando es más que obvio que no podemos hablar de meritocracia si antes no alcanzamos la igualdad de oportunidades y de herramientas. Bueno, pero ese es tema de otro momento. No se qué opinarás, amigo Sendra, sobre la meritocracia y no me gustaría especular al respecto, porque ya bastante me cuesta comprender lo que sí expresaste acerca del valor que las mujeres podemos aportar en diversos ámbitos.

Si, mi estimado Sendra, soy mujer, feminista y tu chiste no me ofendió ni como mujer ni como feminista. Así que no tengo nada que disculparte (para usar tus propios términos). Lo que sí te confieso es que me causó una profunda lástima.

Cuando sólo había espacio para que las mujeres sirviéramos el café en esas mesas de directorio, o manejáramos la agenda y atendiéramos los teléfonos de sus miembros; incluso estábamos habilitadas solo para limpiar la mugre que dejaban al terminar cada reunión, también escuchábamos las conversaciones de los hombres. No sé si lo sabrás, adorado Sendra, que algunas de esas charlas eran sobre el partido de tenis que habían ganado. (Se ve que los perdedores domingueros en el polvo de ladrillo no ocupaban lugares en los directorios. Jamás aparecían) o acerca del palco en la cancha del club de futbol favorito que acababan de adquirir. También comentaban sobre el disfrute que los placeres de la comida y la bebida sin culpa alguna ni preocupación porque les creciera la panza, compartían entre amigotes. Y en algunas (demasiadas) oportunidades debimos escuchar sus “galantes” comentarios acerca de lo bien que nos sentaba esa minifalda, o lo mal que había quedado la ex bomba sexy de recursos humanos después de la maternidad. ¡Una lástima, che!

Porque pocas cosas me producen más tristeza que descubrir en las personas esa penosa resistencia a la evolución. Tener 70 años es la hermosa oportunidad que te ofrece la vida de un largo viaje de aprendizaje. Quizás ese aprendizaje deba incluir un apartado especial acerca de cómo pedir disculpas cuando nos equivocamos.

Querido Sendra, gracias por todas aquellas otras oportunidades en que nos hiciste reír de manera aguda y genuina, pero debo decirte que -esta vez- te equivocaste. Te equivocaste doblemente. Te equivocaste en el chiste y te equivocaste en tus “casi” disculpas.

 

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Periodista. Emprendedora. CEO de Equipo Bulat. Pulidora de diamantes. Escritora frustrada. Fan de la mitología griega y romana. Feminista intuitiva. Admiradora de los millennials y la generación Z. Mentora, tejedora de redes y agradecida de la vida.
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