Opinión

#Opinión | Bajar al infierno por amor

  • Por Juan Pedro Tamburelli

Para Steinbeck “El hombre es el único tipo de alimaña que monta su propia trampa, pone el anzuelo y cae en ella”. Repasemos las trampas de nuestro día a día.

Imágenes donde se visualiza el funcionamiento neuronal han demostrado que el amor desactiva los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas y de la evaluación social. Esto ocurre cuando se desactiva la corteza frontal, vital para el juicio, se apaga cuando nos enamoramos, o aun cuando estamos en alguna de las etapas de enamoramiento sin estar enamorados.

El amor puede existir de diversas formas. Puedo amar hacer algo, una actividad, realizar un deporte, o estar en un determinado lugar. Y sin embargo otra persona puede decir yo amo a mi hijo, a mi pareja, entre otros. Ahora habría que pensar rápidamente que tienen en común esos amores tan diferentes, pero tan iguales. Ambas involucran lo que considero lo más importante que tenemos…

Imagino que mientras transcurren estas líneas de tinta virtual, los pensamientos que caminen dentro de tu cabeza preguntarán ¿será la familia, una casa, la salud, el mismo amor hacia una persona o varias, alguna mascota, el dinero?

Nada de eso. Lo más importante que tenemos es el tiempo. Tenemos bajo nuestra responsabilidad gastarlo en lo que amamos. Aunque a veces no siempre podemos hacer lo que amamos, “lo urgente no deja tiempo a lo importante” decía Mafalda. Veamos un ejemplo. Hay ciertas actividades, cosas que hacemos en nuestro día a día que nos generan endorfinas, comer, ver una serie, un beso, reír, un abrazo, una salida para escaparnos de la realidad un momento (o volver a ella, todavía no me queda claro los límites de una y otra). Para este tiempo de ocio necesitamos dinero y en este momento entra en escena uno de los mayores dilemas de la vida adulta: vivir para trabajar o trabajar para vivir. Aquí es cuando el ciclo vuelve al principio, pero se desencadena otra idea: trabajo para poder gastar mí tiempo libre. A veces en pequeñas dosis envasado en unas pocas horas del día, un fin de semana, o unas vacaciones. Probablemente el fin de gastar este tiempo tan anhelado lo hacemos buscando felicidad. ¿Existe alguna forma de tener una felicidad que persista en el tiempo? Sinceramente no creo que exista la felicidad, solo chispazos de alegría.

La historia de amor de Orfeo y Eurídice

Apolo, dios de la música y la poesía junto con Calíope, musa de la poesía épica y la elocuencia, tuvieron un hijo, Orfeo. Un semidiós capaz de amansar las fieras y conmover a los hombres con su lira. Un día Orfeo recibe la noticia de que su prometida Eurídice ha muerto mordida por una serpiente. La tristeza de Orfeo era inmensa, solo en sus recuerdos habitaba su amada, al fin y al cabo somos eso: un montón de recuerdos andando por el mundo. Pero de ese dolor tuvo la brillante idea de ir a rescatar a su amada de la tierra de los muertos. Decide emprender el viaje solamente acompañado de su lira y con ella logra eludir a Caronte, guardián de la puerta del Hades, y conmover a Plutón, rey del infierno, para que le permita llevar a Eurídice nuevamente a la vida terrenal.

Todos le habían advertido a Orfeo que nadie vuelve de la tierra de los muertos, pero a él no le importó, estaba ciego, loco de amor. Iba a hacer lo que sea por recuperar a su amada.

Plutón accede a la petición pero pone una sola condición: «No mirar hacia atrás durante todo el trayecto de regreso»

Si pudiéramos vivir de lo que es real y no de lo que uno imagina, sería todo mucho más fácil. ¿Y si Plutón me puso una trampa? ¿Y si su Eurídice no me está siguiendo y es solo es una ilusión? Cuando ya había hecho la mayor parte del camino, las dudas vencen a Orfeo, voltea su mirada y consigue ver el hermoso rostro de Eurídice, pero en esta oportunidad, por última vez y la pierde para siempre.

Bajar al infierno por amor, una pésima decisión…