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#Opinión | Dioses enmascarados

  • Por Flavia Vecellio Reane

Cuando hablamos de Carnaval sin dudas las imágenes que nos vienen a la mente son las del carnaval brasileño. Para comprenderlo tenemos que tener en cuenta todo lo que representan los cultos africanistas, la religión yoruba, que llega con los esclavos africanos en los barcos, y es en los barcos mismos donde comienzan a desdibujarse y volverse a definir las creencias negras.

En los barcos, esclavos de distintas tribus (esclavos que eran reyes y esclavos pobres) comienzan a mezclar deidades y rituales. Una vez en América, estas deidades, a su vez, se mezclan con las creencias nativas del nuevo continente, y luego con el cristianismo. A estas creencias las solemos hoy conocer como Umbanda, Quimbanda… Ellas y otras más se pueden comprender mejor si atendemos a la religión yoruba.
Las deidades negras comienzan a ser perseguidas, y entonces son escondidas debajo de las imágenes que el cristianismo aceptaba. Así, el Dios Padre cristiano esconde entre los creyentes africanistas a su par negro, llamado Oludamaré. Y luego vienen los Orishás, que están debajo de las figuras de Cristo, María y algunos santos cristianos.
También en Cuba y en Haití el africanismo es muy fuerte en la cultura isleña, no sólo en Brasil, y allí son los Orishás las deidades más populares.
Como dijimos, debajo de ellos se encuentran los santos católicos. Pero Oxalá es, en cambio, mucho más que un santo para los cristianos: es Cristo. Iemanya es María, y Oxún también es María, en otra advocación. (Iemanyá, la diosa del mar, es María en la advocación de Stella Maris).

Cada Orishá tiene sus colores distintivos. Esos colores los veremos en casi todos los escudos de los cuadros de los equipos futbolísticos argentinos y latinoamericanos, y también los notaremos en las guías. ¿Qué son las guías? Una especie de collar de cuentas, largo, que se usa para venerar al Orishá al que se le quiera pedir un favor.
Si ven un collar así, por ejemplo, de color blanco, verde y rojo, no es que quien lo lleve sea un amante de Italia. Tampoco estará venerando a San Jorge. Su divinidad requerida es Ogun: guerrero que libera a fuerza del uso del metal.
También van a ver el culto a los Orishás en los colores de las carrozas de las Scolas do Samba, porque cada una de ellas tiene a un Orishá al que venerar.
La religión sincrética africanista tiene muchas aristas. La más antipática, y que sin ningún pelo en la lengua condeno apasionadamente, es el sacrificio ritual de animales (gallos, gatos, perros y gallinas son los más utilizados). Otra de esas aristas es precisamente la danza. Se samba para invocar entidades, se samba para incorporar a un Orishá, o quizá a otro tipo de entidad.
El constante golpear del tambor, la ingesta de ron y el fumar sirven para la experiencia ritual de entrar en trance. Y si dudan del efecto del tambor, los invito a participar de cualquier manifestación: el golpe del tambor evoca el primer sonido que escuchó nuestro oído, antes de nacer: el golpeteo rítmico del corazón de Mamá. Ese sonido intrauterino, replicado a todo volúmen, nos transforma de modo casi inconciente, nos conecta con lo más instintivo de nuestro ser. Los africanos y los manifestantes lo saben. Los barras bravas también. El tambor es un instrumento poderoso que nos puede llevar a cometer excesos que jamás creímos que podríamos hacer.
El disfraz del Carnaval también se vincula con la creencia de origen afroamericana. Los ritos religiosos del Vudú tienen sus vestimentas. El disfráz más poderoso es el del tenebroso Barón Samedi: un señor de negro, que es una calavera y lleva una formal galera.
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No subestimen al Barón Samedi. A François Duvalier le sirvió venerarlo para aterrorizar a todos los haitianos y someterlos a su régimen despótico, oscuro, diabólico.
El esqueleto, como los Orishás, va asumiendo nuevas formas en los festejos populares americanos. La Catrina es una señora coqueta, estrella de los disfraces del Día de Los Muertos en México. El Señor la Muerte está presente en los ritos iniciáticos de muchos grupos narcoterroristas, y en el norte de Argentina. Según sea el contexto, será un santo pagano que murió injustamente condenado y quemado, o el protector del crimen organizado.
Como los carnavales siempre, desde su origen, son la fiesta de los excesos, recordemos esto cuando participemos de esos encuentros. Son momentos en los que se mezclan tradiciones muy antiguas y foráneas, que se usan para la diversión y también para la promoción de culturas desconocidas, y a veces muy oscuras.
En el Carnaval se trata de celebrar la vida y el goce antes de comenzar la abstinencia cuaresmal. El festejo de la vida siempre es algo positivo, alegre, luminoso. Pero si en los festejos se veneran entidades que representan la muerte y la oscuridad yo, en lo personal, prefiero no sambar.
Hay energías con las que es mejor no jugar.

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