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#Opinión | Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo

  • Por Brisa Bujakiewicz
  • ¿Realizaste alguna de las tres?

Todos alguna vez escuchamos la frase «En la vida hay que hacer tres cosas: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo». Pero, ¿alguna vez llevaste a cabo una de ellas? El mundo suele utilizar muchas veces a la misma como una frase inspiradora. Probablemente, pensamos que al hacer estas acciones llegaremos a tener un punto de plenitud personal donde nos sentiremos satisfechos. Pero, ¿qué pasa cuando alguien se muere sin haber hecho las mismas? ¿Una persona se encuentra incompleta por ello?

Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. – Vladimir Aguilar

Muchos atribuyen el origen de dicha frase al pensador José Martí; otros, afirman que, un mensajero del Islam llamado Mujámmad, fue el primero en pronunciar estas palabras: «La recompensa de todo trabajo que realiza el ser humano finaliza cuando éste muere, excepto tres cosas: una limosna continua, un saber o un conocimiento beneficioso y un hijo piadoso que pide por él, cuando este está en la tumba». En la actualidad, las mismas, son reflejadas a través del distinguido proverbio.

Pero, ¿qué entendemos por dicha frase? Quizás encontramos en la misma una satisfacción personal, incluso, podemos tomarlo como algo pendiente si es que aún no lo realizamos.

Sin embargo, ¿por qué debemos plantar un árbol? Podemos encontrar en ello un beneficio al pensar en el medioambiente y en aquello que dejamos a los otros. Probablemente, una contribución a la naturaleza que genera una armonía en la vida cotidiana, tanto la mía, como la de mis próximos.

Ahora bien, ¿Por qué debemos escribir un libro? Quizás pensar en generar inspiración a otros a través de las letras y a su vez, poder lograr un cambio a partir de un pensamiento. De alguna manera, dejar latente en la tierra tus ideas y que estas permanezcan vivas.

Y quizás, una de las preguntas que muchas personas se hacen en su vida diaria: ¿por qué debo tener un hijo? Podemos justificarlo pensando en dejar un legado en la tierra. Sabemos que ya no vamos a estar en esencia pero dejamos un cuerpo y alma en el mundo cuidando de lo nuestro y manteniéndonos vivos en los recuerdos.

Y si no quiero o no puedo tener un hijo, no sé escribir y no quiero plantar un árbol. ¿Me voy a sentir insatisfecho?

La respuesta a estas preguntas la encontramos en la vida misma. La tan tradicional frase nos deja en evidencia la importancia de dejar algo en la tierra, algo que permanezca. No es necesario dejar algo material, tangible o físico. Puedo dejar buenos ejemplos, buenas acciones. La realización de mi alma se encuentra en lo que soy ahora, no en un futuro en el cual no me encuentre presente. Debemos entender que cada persona encuentra plenitud en diversas cosas. Probablemente, solo debamos comprender que no es importante el qué dejar en un futuro en el cual no me encuentre sino, la importancia de contribuir en el mundo en el que me encuentro. Accionar con altruismo, darme un gusto que anhelaba hace tiempo, realizar un viaje luego de un gran esfuerzo, dar un abrazo con afecto.

La importancia de brindar algo al mundo cada día, vivir mi vida marcando un camino y dejando huellas a aquel que me rodea.

 

 

 

 

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